Cómo saber si ha llegado el momento de salir del armario

‘Salir del armario’: El tiempo, la naturalidad e identificar tu momento son la clave

“Salir del armario” es uno de los momentos más cruciales que debemos superar las personas LGTBI+ a lo largo de nuestras vidas. Es una situación que constantemente enfrentamos ante el núcleo familiar, social, laboral, etc. Por ello, la importancia de entender el valor y la relevancia de dar visibilidad a nuestra identidad de género y orientación sexual.

En entrevista con Queerverse, la Coach & Terapeuta Gestalt – LGTBI+, Sandra Toledano, nos orienta sobre las implicaciones emocionales que conlleva salir del armario, así como el significado de hacer una introspección para analizar el momento, enfrentar el antes y vivir el después.

El concepto de “salir del armario” tiene un significado diferente para cada persona, pero con el fin de tener una definición más amplia y concisa, Sandra lo describe como “dejar de ocultar nuestra orientación sexual o identidad de género y vivirlo con naturalidad”.

Se puede leer muy fácil, pero hacerlo realidad no lo es para todos. El tiempo, el momento y la esfera social son factores determinantes cuando se trata de dar este paso, además de que se experimentan muchas emociones principalmente el miedo y la presión que pueda provenir de personas externas u otros círculos en los que nos desenvolvemos.

“Para las personas que están dentro del armario hay un tema significativo y es un tema de autoestima y autoimagen. A veces, estos dos elementos están bajos, así que es muy fácil dejarse llevar por este runrún exterior que hay, pero al final es respetarse y ver si es tu momento o no. Darte cuenta si lo que estás haciendo es por otra persona, por seguirle el ritmo o realmente es tu verdadero ritmo”, afirma Sandra.

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Como bien apunta la especialista, además de reconocer el momento, uno de los principios básicos respecto a “salir del armario” es respetar la opinión de los demás, pero no tomarla como una obligación. Suele pasar que por estar “dentro del armario” se reciben muchos estímulos de diferentes lados, por ejemplo, la pareja o el círculo de amigos, quienes de manera inconsciente pueden llegar a generar un tipo de presión con el fin de “ayudarnos a salir”.

“Yo no puedo hacer que la otra persona acelere su proceso, ni puedo hacer que salga del clóset si no está preparado o preparada, ni puedo insistirle. A veces es como que yo genero que la otra persona salga del armario cuando eso no depende de mí”, señala Sandra.

“Para cada persona hay un momento adecuado y con esto debemos de tener cuidado porque a veces lo que pasa dentro del colectivo es que apretamos un poco a otras personas porque pensamos que lo tienen que vivir como nosotros lo hemos vivido”, añade.

El antes y el después…

Las dos fases cruciales en las que hay que detenerse para entender la evolución de nuestras emociones, cómo gestionarlas y hacer frente a las reacciones, especialmente, aquellas que son las menos positivas.

“Lo importante es ir dando pasos pequeños”, señala Sandra. “Cuando estás ‘dentro del armario’ hay muchas emociones como la culpa, que es esa sensación de que estás haciendo algo malo; la vergüenza, que tiene mucho que ver con la opinión que tenemos de nosotros mismos; y luego el miedo a diferentes cosas. Cuando ya ‘hemos salido del armario’, algunas de estas emociones desaparecen, se convierten en otras cosas o son las mismas, pero se han transformado. Por ejemplo, mis miedos ya no son esos, a la mejor son otros. Quizá ya no siento tanta culpa o sí porque he salido del armario y mis padres me hacen sentir que soy lo peor de lo peor. Entonces ahí las culpas se aceleran. Sin embargo, la vergüenza se puede ir perdiendo con el tiempo porque vas recuperando tu confianza. Y esta confianza la vas adquiriendo según vas dando pasos”, comenta la terapeuta.

Después viene ese momento en el que hemos dado el paso más importante: “salir del armario”, pero tal vez no obtuvimos la reacción o la respuesta que esperada. En este caso, Sandra hace un apunte que vale la pena considerar, y es el hecho de que, al hacernos visibles, de alguna manera ya hubo un tiempo previo para pensarlo y materializarlo; sin embargo, para los demás es la primera vez que reciben esta información.

“A la mejor hay que entender que tal vez llevas en el armario 20 o 15 años. Has tenido tiempo de darle vueltas, de reflexionar, de pensártelo, y por fin has decidido que este es el momento, la persona y el lugar. Entonces se lo vas a decir a alguien que lo va a saber por primera vez, no pretendamos que desde el primer minuto nos abracen y nos digan que esto es maravilloso, – por supuesto esto también puede llegar a pasar -. Pero generalmente es una situación en la que más bien trasladas una situación a otra persona sin conocimiento previo al respecto. Por lo mismo, ellos también tienen que gestionarlo y hay que dar ese tiempo”, puntualiza la terapeuta y coach LGTBI+.

Hacer frente a una reacción poco favorable puede implicar un retroceso en el camino recorrido hacia “salir del armario”. Por ello es importante reflexionar al respecto y saber identificar con qué aprendizaje nos quedamos tras esta experiencia.

“Si al principio no me aceptan, una cosa es quedarme con lo que yo he hecho, con mi sensación. En decir: ‘¡Ostras! He dado el paso, me siento bien o hay algo que ya empieza a cambiar’. Hay una sensación de liberación, de libertad, de sentirme mejor. Y luego está en si me quedo con que no me han aceptado y esto parece que no ha funcionado, pues es evidente que el malestar va a ser mucho mayor.

“Si voy a intentar cambiar a mis padres, mal voy porque yo no tengo esa capacidad de cambiarlos. Lo que tengo es el poder de ver qué he hecho yo que me sirva y lo demás ya vendrá como tenga que ir viniendo”, declara Sandra.

De acuerdo con la experta, Sandra Toledano, no existe una guía absoluta ni definida para “salir del armario”. Pero hay ciertos elementos que se pueden retomar y que pueden ayudar a dar el paso. “Primero es decidirme si realmente esto es lo que quiero hacer en este momento. Esto es una cosa que sentimos y nos damos cuenta de que la incomodidad es tan grande que lo necesito hacer. Lo segundo es saber cuándo, cómo, con quién y dónde lo voy a hacer”, asegura Sandra. Aunque, según nos explica la terapeuta, en la mayor medida posible hay que apelar a la naturalidad del proceso. “No tanto con estrategia o con la sensación, sino que lo hagas con naturalidad porque eso significa que realmente tienes aceptada tu orientación o identidad de género”, concluye.

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Finalmente, Sandra hace hincapié en que “salir del armario” es una cuestión individual y que el mejor apoyo que alguien “fuera del armario” puede dar es un acompañamiento que sobre todo se base en “el respeto y en escuchar las necesidades de esa persona sin meter la experiencia propia”.

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